El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor: El Cinismo De La Reparación

El uniforme no es una armadura contra el dolor: una crítica jurídica al cinismo del Estado frente a sus militares.

Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo

Twitter: @AbgLoreLazaro_

Abogada Lorena Lázaro y militar colombiano herido ilustran que el uniforme no es una armadura contra el dolor en Colombia.

Bienvenido a la Colombia del multiverso de locura, ese rincón del mundo donde el victimario se sienta en una curul de terciopelo mientras el héroe que perdió sus piernas en un campo minado debe mendigar un reconocimiento jurídico que la ideología le niega. A hoy, 5 de enero de 2026, la narrativa oficial ha intentado convencernos de que llevar un uniforme de la República es una renuncia tácita a la condición de ser humano. Nos han vendido la tesis grotesca de que el dolor de un soldado es un “riesgo profesional” y no una vulneración a sus derechos fundamentales.

Es hora de rasgar el velo de este cinismo administrativo y entender que la reparación integral no es un favor del Gobierno de turno, sino una obligación ineludible del Estado ante los estándares internacionales que hoy, por conveniencia política, decide ignorar.

“El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor”

El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor : una verdad jurídica negada

Históricamente, el concepto de “víctima” ha sido manoseado por una academia militante que prefiere ver al militar solo como un agente estatal y nunca como una persona protegida. Sin embargo, la realidad técnica es caníbal con los relatos sesgados. Desde la génesis misma del Derecho Internacional Humanitario, con Henry Dunant en 1864, el primer tratado internacional no fue para los civiles, sino para la protección de los militares heridos en campaña.

Es decir, el DIH nació por y para el militar que queda fuera de combate. Resulta entonces una aberración jurídica que, en pleno siglo XXI, existan sectores que se opongan a categorizar a nuestros soldados como víctimas, cuando son ellos quienes han puesto la cuota más alta de sangre frente a las armas no convencionales de las guerrillas.

“El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor”

Las cifras y la hipocresía ideológica

Hablemos de cifras, porque los datos no tienen ideología y son la mejor respuesta a la ignorancia del militante de izquierda, que no siente dolor por la sangre camuflada derramada, pero sí por la insurgente. Colombia ha ocupado deshonrosos primeros lugares en víctimas de minas antipersonales, y más del 60 % de esas víctimas son soldados y policías.

¿Cómo se le explica a un joven de 19 años que perdió la vida o su integridad física por una mina sembrada por un grupo ilegal que su sacrificio es “inherente a su labor”? El artículo 3 del Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra es taxativo: aquel que deja de participar en las hostilidades por herida o detención se convierte en sujeto de protección absoluta. No es una sugerencia, es un mandato que el Estado colombiano ha aplicado de forma esporádica y simbólica, pero nunca con la integralidad material que el derecho exige.

Análisis Y Opinión

Si el artículo de El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor: El Cinismo De La Reparación” te resulta alarmante, es porque lo es. La comprensión profunda de este fenómeno requiere análisis serio, valiente y sin filtros.

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Las víctimas invisibles: las familias

La deuda no termina en el campo de batalla. Existe un universo de “víctimas indirectas” que el sistema prefiere mantener en la sombra: las familias. Si un militar es víctima de desaparición forzada, su madre, su esposa y sus hijos sufren el mismo desgarro que cualquier otra familia civil, víctimas del mismo delito de lesa humanidad.

El Derecho Internacional Penal y la jurisprudencia de la Corte IDH han sido claros: el daño personal sufrido por los familiares les otorga la calidad de víctimas indirectas con derecho pleno a la verdad y la reparación. No obstante, en el ecosistema de la llamada “Paz Total”, parece que hay víctimas de primera y de segunda clase.

Mientras para unos hay programas de reinserción dorados, para las familias de nuestros militares hay olvido y procesos administrativos que duran décadas.

“El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor”

La obligación internacional del Estado

Jurídicamente, el principio de integralidad nos obliga a conectar el derecho interno con los estándares de la ONU y la Corte Penal Internacional. El Estatuto de Roma define como víctimas a las personas naturales que hayan sufrido un daño por crímenes de competencia de la Corte, lo que incluye los crímenes de guerra cometidos por las guerrillas al usar métodos de combate prohibidos.

edificio de la Onu

Cuando una guerrilla utiliza cilindros bomba o minas antipersonales, está violando el principio de distinción y causando males superfluos. Allí, el militar no es un “objetivo legítimo” que deba aguantarlo todo, es un ser humano cuyos derechos han sido violados por una contraparte que desprecia la humanización de la guerra.

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Reconocer al militar fortalece la democracia

Es imperativo que la sociedad civil y las cortes entiendan que reconocer al militar como víctima no debilita la democracia, la fortalece. La universalidad de los derechos humanos no admite excepciones por el color de un uniforme. El militar no es una máquina del Estado, es un ciudadano que, al ser herido o secuestrado, recupera su estatus de persona protegida de manera plena y automática.

La reparación no puede seguir siendo solo una placa de mármol o un discurso hipócrita en un batallón; debe ser económica, social y, sobre todo, moral.

“El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor”

Amanecerá y veremos si este país es capaz de mirar a los ojos a sus veteranos y reconocerles que su dolor vale lo mismo que el de cualquier otro compatriota. Si la justicia sigue siendo simétrica entre el guerrillero y el militar y asimétrica entre víctimas, no estamos construyendo paz, estamos pavimentando el camino hacia una nueva frustración nacional.

La reparación integral de los militares y sus familias es la prueba de fuego para saber si Colombia es un Estado de Derecho o simplemente una finca parcelada por el populismo y el miedo. Sin justicia para quienes nos defienden, la libertad es solo un eslogan de campaña y no una realidad. Nos queda, entonces, a los ciudadanos de bien, hacer algo al respecto.

“El Uniforme No Es Una Armadura Contra El Dolor”


Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo
Magíster en Derechos Humanos y Derecho Internacional de los Conflictos Armados
Especialista en Procedimiento Penal Constitucional y Justicia Militar

© Todos los derechos reservados.
El contenido de esta columna pertenece exclusivamente a su autor.


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Alma Militar

Doctora Lázaro. Buenos días. He leído con atención su columna sobre el tema:”El uniforme No Es Una Armadura Contra el Dolor 2026” publicada en el “Foro Colombia Libre” y me ha conmocionado positivamente por el conocimiento que usted posee sobre la entidad militar y sus integrantes; por los argumentos jurídicos y en especial, la explicación que usted entrega a la opinión publica para que, fundamentados, en especial en el DIH y en la Defensa de los Derechos Humanos, con las teorías originales y esenciales, válidas de éstas ciencias, demostrar que hasta lo jurídico ha sido manipulado por la “Guerra Popular Prolongada con su combinación de todas las formas de lucha” y ésta es una demostración fehaciente de lo que ha dado en llamarse “La Guerra Jurídica” . Gracias por su lucha por las víctimas de esta cruel guerra que el narco terrorismo nos ha declarado a los colombianos de bien. El Dios de los ejércitos la bendice.

Jairo Díaz Carreño

Que verdad de a puño, es una invitación a despertar. La ideología progres nos hizo el favor flaco de invertir los valores, de desnaturalizar la pérdida, legalizar la violencia en contra, hacer de los militares portadores del dolor y sin derechos, total ausencia de ellos. Nos han llevado a extremos. Esa inversión de valores está llegando a su fin, se está muriendo esa ola izquierdoza y está resurgiendo esa ola otrora aguantadora y valiente y ahora, igualmente valiente para enfrentarlos. Qué bien por esta doctora que por su formación reta a los militares a despertar y empezar a exigir lo que por derecho nos pertenece: reconocimiento desde el gobierno y terminando por los civiles, que en la última década nos quisieron hacer parecer como los malos del film. Renace y debe ser así, un movimiento revolucionario pero ahora de militares y acompañados de la gente de bien, que se mamó de tanta verborrea invertida. Gracias Dra y bienvenida al grupo de los que ahora cantan cánticos de verdadera exigencia al estado. Por el honor que un día nos dieron, y del cual nos sentimos orgullosos y lo sentimos en nuestro corazón, no más retórica barata, no volveremos a ser pisoteados por la izquierda. DE FRENTE, PASO DE VENCEDORES