Santos y las mentiras del Nobel: El Nobel de Paz más caro de la historia, con impunidad, narcotráfico récord y víctimas olvidadas.
Por: Orlando Ladeutt
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Santos y las mentiras del Nobel
Cuando Juan Manuel Santos decidió sentarse en La Habana con las FARC, no solo negoció un acuerdo de paz, negoció con la verdad frente a los colombianos. Vendió un relato idealizado, plagado de promesas que hoy, a casi una década de su firma y con la implementación a la vista, se revelan como mentiras o verdades a medias.
La mentira de la no impunidad
La primera gran mentira fue la de la no impunidad. Santos aseguró que los máximos responsables de crímenes atroces pagarían sanciones efectivas y proporcionales. Sin embargo, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada por el Acto Legislativo 01 de 2017 y reglamentada por la Ley Estatutaria 1957 de 2019, establece sanciones propias de hasta ocho años de “restricción efectiva de la libertad” mediante actividades restaurativas. En la práctica, se terminaron imponiendo penas alternativas de hasta ocho años de “trabajos restaurativos”, lo que resulta incompatible con los estándares internacionales de proporcionalidad exigidos por el Estatuto de Roma de la CPI.
Y es que, ¿qué hay de proporcional entre secuestrar, torturar o asesinar… y sembrar árboles o dar charlas comunitarias?
“Santos y las mentiras del Nobel más caro de la historia”
El plebiscito y la negación de la voluntad popular
Otra mentira: “el pueblo tendrá la última palabra”. Santos impulsó el plebiscito de 2016 como mecanismo de refrendación. El 2 de octubre, el NO ganó con el 50,2%. Pero en lugar de acatar el veredicto ciudadano, desconoció el resultado y acudió al Congreso, respaldado luego por la Corte Constitucional en la Sentencia C-699/16, donde el principio de soberanía popular quedó subordinado a decisiones políticas. El acuerdo, presentado como un pacto nacional, nació en realidad sobre la negación de la voluntad popular.

Las curules y el poder político de las FARC
Santos prometió que los guerrilleros no harían política sin pagar por sus crímenes. La historia es otra: el Acto Legislativo 03 de 2017 garantizó diez curules a los exjefes de las FARC, incluso antes de cualquier sanción de la JEP. El Congreso se convirtió en el escenario de quienes nunca enfrentaron la cárcel ni obtuvieron un solo voto. Y entonces, ¿a quién representan los congresistas de las FARC?
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Las víctimas relegadas
Y qué decir de las víctimas, que según Santos eran “el centro del acuerdo”. La verdad es que quedaron relegadas. La reparación económica ha sido mínima, por no decir inexistente; la verdad sigue fragmentada y la no repetición es una ilusión desmentida por la expansión de las disidencias, el fortalecimiento del ELN y la violencia que azota los territorios.
“Santos y las mentiras del Nobel más caro de la historia”
El narcotráfico en cifras récord
En cuanto al narcotráfico, se prometió que el acuerdo reduciría la coca a través de programas de sustitución voluntaria. La realidad fue un récord histórico: más de 300 mil hectáreas sembradas, según la propia UNODC. La droga que debía disminuir terminó financiando nuevas estructuras criminales, lo que conllevó a un aumento exponencial del narcotráfico. Esto llevó a que Estados Unidos nos descertificara en la lucha contra el narcotráfico, situación que no se presentaba desde 1996, durante el gobierno de Ernesto Samper.
El costo de la implementación
Finalmente, la gran promesa de Santos fue que “la paz nos costará menos que la guerra”. Hoy la implementación de los acuerdos se ha convertido en un barril sin fondo que consume miles de millones de pesos, con resultados precarios en seguridad, desarrollo y convivencia.

El Nobel más caro de la historia
En conclusión, Santos construyó un relato que maquilló concesiones vergonzosas como si fueran logros históricos. En realidad, fue un pacto desigual, con beneficios excesivos para los victimarios, justicia mínima para las víctimas y un modelo que desconoció la voluntad ciudadana. El expresidente no solo le mintió al país sobre el verdadero alcance de los acuerdos, sino que dejó como herencia un sistema que institucionalizó la impunidad bajo el disfraz de justicia transicional.
La paz verdadera exige verdad completa, reparación real y sanciones proporcionales. Lo de Santos fue otra cosa: un monumento a la mentira política. Colombia no recibió justicia ni paz, recibió impunidad y el premio Nobel de paz más caro de la historia.
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