Reservas en Colombia: grados, egos y salarios, lo que une y lo que separa

Reservas en Colombia: egos, grados y salarios explican su división y el reto de unidad política.

Por Silverio José Herrera Caraballo

X Twitter: @PIBBOJOSE290458

Reservas en Colombia debaten grados, egos y salarios en medio de una discusión entre veteranos de la Fuerza Pública

Reservas en Colombia y la identidad del militar en retiro

Soy orgullosamente un militar (en la reserva). Y lo seré hasta el último día de mi vida. Porque para mí, el exmilitar no existe. Quienes ingresamos a las diferentes escuelas de formación por convicción, mística y patriotismo lo sabemos bien.

Mi familia me educó; en la escuela primaria y secundaria me dieron las bases académicas, pero fue el Ejército el que formó mi carácter como hombre, como ciudadano y como servidor de la patria. Esa huella no se borra con el retiro, ni con el cambio de ropa, ni con la entrega del uniforme. Se queda en la piel, en la mirada y en la forma de pararse frente a la vida.

La fragmentación de las reservas en Colombia

Desde hace algún tiempo vengo escribiendo en varios medios sobre este tema que me preocupa y me duele: la fragmentación de las reservas y los veteranos en Colombia. He sido crítico, sí, pero desde la convicción de que la crítica constructiva es una forma de lealtad. He hablado de pasar “de los cuarteles a la política”, de la mística que se diluye, de la disciplina que se relativiza.

Y hoy, cuando el país atraviesa una coyuntura compleja en lo político, lo social y lo institucional, y cuando cada vez más veteranos y reservistas se inscriben en la contienda electoral que se avecina, la pregunta es inevitable: ¿por qué no estamos unidos en un solo partido, en un solo movimiento, dirigidos —como cuando estábamos en filas— por una sola cabeza?

Reservas en Colombia: egos, resentimientos y protagonismo

Algunos se preguntan si al quitarnos el uniforme se pierde la esencia del militar o del policía. Otros creen que la vida civil justifica abandonar principios, códigos y formas de relacionarnos. Mi respuesta es simple, y quizá por decirla me lapiden, pero tengo la autoridad moral para hacerlo: lo que hoy nos divide son los egos, los resentimientos y el deseo de protagonismo.

Y, en no pocos casos, también el hecho de poseer o no la asignación de retiro, ese sueldo que en la vida civil llaman pensión y que solo reciben quienes completaron más de 20 años de servicio.

Del mando jerárquico a la lógica civil en las reservas en Colombia

En filas éramos parte de una institución piramidal, con jerarquías claras, mando definido y una disciplina que no se negociaba. Afuera pasamos a una lógica horizontal, donde todos somos ciudadanos con iguales derechos, pero no siempre con igual madurez para entender ese cambio.

A algunos el grado se les subió a la cabeza y creen que deben seguir mandando; otros sienten que nunca fueron reconocidos como merecían y ahora buscan ajustar cuentas con la historia. Entre unos y otros, se nos va la oportunidad de construir un bloque sólido de veteranos y reservistas que podría tener un peso político real en un país que clama por orden, seguridad y autoridad legítima.

Análisis Y Opinión

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Grado, mérito y liderazgo en las reservas en Colombia

En mi concepto, como miembro de la reserva del Ejército Nacional, el grado siempre estará ahí. El soldado, el cabo, el sargento, el teniente, el capitán, el mayor, el coronel, el almirante o el general: cada uno llegó hasta donde llegó por sus logros, por su trabajo, por méritos o por las circunstancias propias de la carrera. Eso no tiene discusión. En la reserva se guarda el respeto por esa trayectoria.

Reservas en Colombia rinden homenaje simbólico al servicio militar durante ceremonia con botas y casco del Ejército Nacional

Pero también es cierto que afuera las reglas cambian. Ya no estamos en una estructura cerrada y jerárquica, sino en una sociedad abierta, donde el liderazgo no lo da el rango sino la capacidad, la preparación, la coherencia y el ejemplo.

Preparación civil y realidad política de las reservas en Colombia

Y aquí viene otro punto incómodo: hay soldados profesionales retirados con 20 años de servicio que se han profesionalizado en la vida civil, que son excelentes; técnicos, tecnólogos, profesionales. Los hay abogados, administradores, líderes comunitarios o empresarios.

Hay suboficiales y oficiales que, pese a su grado, no se prepararon para el mundo civil y hoy están desconectados de la realidad social, económica y política del país. Pretender que solo por haber sido coronel o mayor se tiene derecho natural a un cargo de elección popular es tan absurdo como creer que un soldado nunca podría ser un buen concejal, diputado o alcalde. En la democracia, el mérito se vuelve a construir.

Un error estratégico para las reservas en Colombia

El problema es que muchos no han entendido esa transición. Afuera, en algunos casos, se pierde la mística y el respeto que nos caracterizaba en filas. Se reemplaza la disciplina por la soberbia, la camaradería por la envidia, la lealtad por la zancadilla política.

Nos atacamos entre nosotros por el grado, por la fuerza de la que venimos (Ejército, Armada, Fuerza Aérea o Policía), por tener o no asignación de retiro, por quién fue más “duro” en el monte o quién estuvo más tiempo en el escritorio.

Discusiones bizantinas que no le importan a un país que hoy sufre inseguridad, extorsión, pérdida de autoridad del Estado y una profunda crisis de confianza en sus instituciones.

Unidad, principios y futuro de las reservas en Colombia

Desde el punto de vista militar, esta desunión es un error estratégico. Desde lo disciplinario, es una traición a los valores que juramos defender. Desde lo social, es una oportunidad perdida para ofrecer liderazgo con carácter en medio del desgobierno.

Desde lo económico, es desperdiciar un capital humano enorme, formado con recursos públicos y experiencia en gestión de crisis, logística, planeación y mando. Y desde lo personal, es renunciar a la hermandad que nos salvó la vida más de una vez en el servicio.

Hoy, cuando tantos veteranos y reservistas aspiran a cargos públicos, la pregunta no debería ser quién manda o quién tiene más estrellas, sino cómo construimos una plataforma común de principios: defensa de la institucionalidad, respeto por la Fuerza Pública, seguridad democrática, lucha frontal contra la corrupción, protección del sector productivo y un Estado que vuelva a imponer autoridad sin complejos.

No se trata de borrar los grados ni de desconocer trayectorias. Se trata de entender que en la reserva seguimos siendo una familia, pero ahora en un escenario distinto. Que el respeto se mantiene, pero la competencia política exige preparación, propuestas y resultados.

Que la asignación de retiro no hace a nadie más patriota ni más apto para gobernar. Y que la verdadera mística no está en aferrarse al pasado, sino en poner lo que somos y lo que sabemos al servicio del país que hoy nos necesita más que nunca.

Esta es una invitación —sujeta a revisión, al debate y a la autocrítica— a que dejemos de mirarnos como rivales y volvamos a vernos como compañeros de causa. A que superemos los egos, los resentimientos y el protagonismo estéril.

A que entendamos que unidos somos una fuerza política real y que divididos somos solo anécdota. Porque el uniforme se cuelga, sí, pero la esencia del militar y del policía jamás debería perderse. Y porque Colombia, hoy más que nunca, necesita de sus veteranos no dispersos, sino organizados, coherentes y unidos.

© Todos los derechos reservados. El contenido de esta columna pertenece exclusivamente a su autor.


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