
Orden Público en Colombia
El último informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), con corte a enero de 2025, confirma la ocurrencia de 6 masacres en lo que va del año.
Con este dato, el acumulado bajo la presidencia de Gustavo Petro alcanza 221 masacres a nivel nacional, reflejando un preocupante deterioro en el orden público en Colombia. Estas cifras se fundamentan en registros verificados por el Observatorio de Derechos Humanos y Conflicto, que coteja información proveniente de autoridades locales, medios regionales y organizaciones de la sociedad civil. Adicionalmente, la Defensoría del Pueblo ha documentado diversos atentados contra líderes sociales en zonas de alta injerencia de grupos armados.
Según la Procuraduría General de la Nación, estos hechos violentos no son “aislados”, sino que obedecen a la reconfiguración de organizaciones ilegales en regiones como Catatumbo y Putumayo, donde la disputa por corredores de narcotráfico y minería ilegal se ha intensificado. Resulta relevante mencionar que la reciente moción de censura contra el ministro de Defensa fracasó en el Congreso, lo cual generó preocupación en ciertos sectores que esperaban cambios en la estrategia de seguridad. La carencia de ajustes profundos mantiene a la Fuerza Pública enfrentando múltiples desafíos sin los refuerzos logísticos y tecnológicos requeridos para retomar el control.
En el Catatumbo, informes de la Fuerza de Tarea Conjunta Vulcano y reportes de la Misión de Verificación de la ONU describen un escenario donde grupos armados han aumentado su presencia.
La persistente rivalidad entre facciones busca controlar los cultivos ilícitos y las vías de exportación de la producción de cocaína. Mientras tanto, en el Putumayo, el Comando Conjunto Suroriente reporta un incremento de hostigamientos y secuestros, atribuidos a disidencias que han fortalecido su accionar desde finales de 2024.

Cabe destacar que la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) sufre un rezago en la modernización de aeronaves, lo que dificulta los operativos en zonas selváticas. Documentos internos del Ministerio de Defensa, filtrados a medios de circulación nacional, señalan que al menos un 40% de la flota aérea disponible presenta fallas mecánicas o se encuentra en mantenimiento prolongado.
En consecuencia, las operaciones de interdicción y los despliegues rápidos para proteger a comunidades en riesgo se han vuelto más complejos. Paralelamente, estudios de la Corporación Nuevo Arco Iris indican que la falta de una inteligencia robusta reduce la efectividad de los golpes dirigidos contra altos mandos criminales. Así, la ecuación actual combina debilidad operativa y expansión de actividades ilícitas, intensificando el desgaste institucional y agravandomelos el Orden Público en Colombia.
Los hallazgos de la Fiscalía General de la Nación en varios de estos casos de masacres apuntan a la influencia de economías ilegales, particularmente la minería aluvial y el narcotráfico.
Uno de los más recientes operativos (Operación “Cauce Limpio”) logró la incautación de maquinaria pesada y evidenció la vinculación directa de redes criminales con la explotación ilegal de oro en ríos de la Amazonía. Expertos en conflicto armado, respaldados por estudios de la Universidad del Rosario y la Fundación Ideas para la Paz, advierten que la reducción de actividades de inteligencia no solo afecta la capacidad de anticipar movimientos de grupos armados, sino que también limita la coordinación con unidades especializadas en la protección de civiles.
Estas investigaciones señalan que, durante administraciones anteriores, el uso coordinado de inteligencia aérea y logística sofisticada permitió asestar duros golpes a objetivos de alto valor, frenando parcialmente el avance de las organizaciones criminales. Ahora, sin una actualización integral de medios aéreos y con una aparente falta de refuerzo en labores de inteligencia, la Fuerza Pública se enfrenta a múltiples frentes a la vez, impidiendo concentrar esfuerzos en áreas de mayor criticidad y permitiendo que los grupos armados expandan su influencia.
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Para el primer mes de 2025, el panorama del Orden Público en Colombia es preocupante:
INDEPAZ ratifica 4 nuevas masacres en distintas regiones y suma 215 casos en el actual gobierno, mientras la Defensoría del Pueblo emite alertas tempranas en departamentos como Cauca, Nariño y Arauca. Desde la perspectiva de análisis de organizaciones como la Fundación Paz y Reconciliación, los resultados de la moción de censura al ministro de Defensa dejaron claro el complejo balance de fuerzas en el Congreso, pero no atajaron las inquietudes sobre la ausencia de una estrategia firme para contener la violencia.
El orden público en Colombia se ve empañado por la desmotivación de oficiales y suboficiales, que alegan sentirse “atados de manos” ante limitaciones presupuestarias y fallos en la cadena de mando.
En varias sentencias de la Corte Constitucional se ha exigido una mayor protección a comunidades étnicas y campesinas afectadas por la confrontación armada, pero la implementación de esas directrices judiciales avanza de forma lenta. Para que el país pueda revertir esta tendencia, se requiere una combinación de políticas socioeconómicas focalizadas y el fortalecimiento logístico de las Fuerzas Militares, algo que debe ir de la mano con inteligencia actualizada y un compromiso real de las instituciones estatales para frenar el auge criminal. De lo contrario, 2025 podría confirmar la alarmante proyección de un incremento sostenido en la violencia y el deterioro de la seguridad ciudadana.
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