Ni perdón ni olvido para la Banda Criminal M19

A 40 años del asalto al Palacio de Justicia, Rafael Rodríguez-Jaraba recuerda la barbarie cometida por la banda criminal M19 y la impunidad que persiste.

Por Rafael Rodríguez-Jaraba

X Twitter: @RRJARABA

“Para la banda criminal M19,Ni perdón ni olvido”. Rafael Rodríguez-Jaraba frente al Palacio de Justicia con retratos de magistrados asesinados y el título

Los colombianos no debemos olvidar, perdonar, ni dejar de repudiar, el horrendo asalto de la banda criminal M19 al Palacio de Justicia, que dejó un saldo de 101 muertos, entre ellos, 11 magistrados.

Y es que no hay peor error que ignorar u olvidar la historia, y peor aún, si por ser reciente y adversa, permite evitar que se cometan los mismos horrores, despropósitos y yerros que en ella se narran.

El Día de la Infamia

Se cumplen 40 años del Día de la Infamia; la sangrienta toma del Palacio de Justicia a manos de la banda criminal M19, la que, auspiciada por el Cartel de Medellín, pretendió tomarse el poder, así como el control del máximo foro de la justicia colombiana para destruir los expedientes de los narcotraficantes que en aquel momento iban a ser extraditados.

Los colombianos vivimos 2 días y noches de vigilia, espanto y terror, en los que fueron vilmente asesinados cerca de un centenar de ciudadanos, entre ellos, los magistrados más esclarecidos que recuerde la nación, así como soldados de la patria, trabajadores de la rama judicial, abogados litigantes y visitantes ocasionales. La pérdida para la Justicia fue inestimable e irreparable, al punto que, desde ese nefasto momento, no ha podido recuperar su brillo y majestad.

La barbarie del M19

Lo ocurrido no fue un hecho episódico o incidental, fue la consumación de un acto criminal de lesa humanidad, concebido, premeditado y articulado por un puñado de mentes perturbadas, cegadas por anacrónicas ideas comunistas y fletadas por el narcotráfico para perpetrar la más repugnante y execrable barbarie.

Ni perdón ni olvido para la Banda Criminal M19

Sobrecoge admitir que el Holocausto del Palacio de Justicia y la inmolación de las mentes jurídicas más lúcidas y encumbradas del país, es otra evidencia de la impunidad que campea en Colombia, y muy similar, a la cínica y desvergonzada que impuso Juan Manuel Santos, desconociendo la voluntad mayoritaria de la nación, con la complacencia de un Congreso fletado y de una Corte Constitucional politizada, así como también lo es, la que Petro pretende entronizar mediante la perversa y mal llamada “paz total”, la que premia la violencia, remunera la delincuencia, estimula el narcotráfico y empodera la criminalidad.

Vista aérea nocturna del Palacio de Justicia en llamas durante el ataque del M-19, con columnas de humo elevándose sobre el centro de Bogotá, símbolo del horror y la tragedia nacional.

Las víctimas y los victimarios

Al final de tan doloroso pasaje de nuestra historia republicana, los criminales del M19 fueron indultados y gratificados, las víctimas burladas, el Estado responsable de repararlas, y los militares que intervinieron, cuestionados y condenados por defender el máximo templo de la justicia.

No siendo suficiente tanto desvarío, quienes cometieron tan aleve atrocidad, nunca han demostrado el menor asomo de vergüenza, arrepentimiento o enmienda, y, al contrario, tanto ellos como algunos de sus hijos, hoy gozan de prebendas y privilegios, y se han valido de tamaños desmanes para concentrar poder y acumular fortunas a costa del expolio del erario.

Análisis Y Opinión

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Una nación sin memoria

Qué bueno fuera, que con la misma intensidad y sentimiento con que los colombianos celebramos los triunfos episódicos y efímeros del combinado nacional de futbol, manifestáramos nuestro duelo, luto y repudio ante semejante barbarie. Pero no, el país carece de sensibilidad y de memoria colectiva, y, como dicen algunos “lo que no fue en tu año no fue en tu daño”.

Es evidente que la nación se mantiene sumida en una profunda amnesia y difícil será que recupere la sensatez y el buen juicio; no obstante, es bueno rememorar algunos hechos ciertos, así tan solo sirva para recuperar de manera temporal la memoria.

La pérdida de valores

La falta de un ideario mínimo de valores hace de Colombia, una nación en la que, a tumbos, se repite y repite su desventurada historia, y, en donde, la pasión vence a la razón, los principios pierden con la conveniencia, a los valores los derrota el utilitarismo, el despropósito aniquila la cordura, y, la honestidad es apabullada por la villanía. Es triste reconocer que, en Colombia, solo parcialmente mejora lo físico y aparente, más no lo fundamental y esencial, como es la educación, la cultura ciudadana, la seguridad, el orden y la justicia.

Un sueño de patria decente

Cómo me hubiera gustado vivir en otra época, y en una nación donde la sinrazón no fuera la razón, y en la que, para discutir no se maltratara, para discrepar no se irrespetara, para protestar no se destruyera y para marchar no se vandalizara; pero aquí nací y no me resigno a la violencia, a la indiferencia, a la indolencia, a la tolerancia frente al delito, y menos, a la neutralidad cómplice ante la felonía.

Ni perdón ni olvido para la Banda Criminal M19

Perdón por soñar con una patria educada, culta y civilizada, y con una democracia sólida con instituciones pulcras, respetables y respetadas, de manera que nunca vuelva a ser legislada por un puñado de narco criminales como los que hoy orondos frecuentan el Congreso de la República y reciben los favores de la justicia espuria y politizada que administra la mal llamada JEP, la que se nutre y sustancia de la perniciosa, dislocada y parcializada Comisión de la Verdad.

Advertencia final

Qué horror, que quien hoy ocupa la primera magistratura del Estado, haya sido y, al parecer, siga siendo, miembro de la banda criminal M19, tal y como lo demostró en su posesión, al celebrar un acto criminal como lo fue el robo de la espada de Bolívar, y quien, cínica y desvergonzadamente, lo sigue demostrando con sus diarias ocurrencias que hacen apología del delito.

Fotografía histórica del Palacio de Justicia en llamas durante el ataque del M-19, con la frase “40 años de impunidad para la banda criminal M-19”, símbolo de memoria y justicia en Colombia.

Solo, con la adopción de un sistema de educación fundamental integral, inmune a ideologías y doctrinas enajenadas y regresivas, y fundido sobre principios y valores democráticos y republicanos, podremos modificar la triste realidad que padecemos y a la que peligrosamente nos hemos venido acostumbrando.

Honor a la memoria de las víctimas del Palacio de Justicia, paz en sus tumbas, y, rechazo, repudio y condena a los criminales del M19 que vilmente las inmolaron.

Que nadie olvide la prédica de Federico de Amberes: “La debilidad del bien es la fortaleza del mal; y la indulgencia del Estado ante el delito, empodera y fortalece la criminalidad”.

Colofones

Colofón 1.- Todos los colombianos, en especial, los jóvenes ingenuos que, sin conocer la historia, simpatizan con la banda criminal M19, deberían visitar la página https://www.manuelgaonacruz.org/investigacion para conocer los hechos y las evidencias de la barbarie cometida por esta organización terrorista, en cambio de creer el falso y perverso relato que propala el remedo de presidente que Colombia padece y sus corifeos.

Ni perdón ni olvido para la Banda Criminal M19

Colofón 2.- Con el respeto que me merece la Corte Constitucional, es inadmisible que pretenda desconocer y modificar la naturaleza humana, y vulnerar el orden constitucional, al intentar crear el sexo o género “binario”. Las inclinaciones, las preferencias y la identidad de género, y hasta los gustos y vicios sexuales, son personales, íntimos e irreductibles, y merecen respeto, y no pueden servir de pretexto para alterar el orden natural y legal, como tampoco, ser objeto de discriminación o distinción. Lo ordenado por la Corte Constitucional, antes que incluyente y pluralista, es inconstitucional, discriminatorio y lesivo para la sociedad, sin perjuicio del derecho a la identidad de género de cada ser humano.

© Todos los derechos reservados. El contenido de esta columna pertenece exclusivamente a su autor.

*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Litigante. Conjuez. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Catedrático. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.*


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