El nuevo modelo genocida entrega la salud a los sepultureros. El shu shu shu asesino

El modelo genocida rediseña la salud con demoras, burocracia y riesgo real para millones.

Por José Guillermo Mejía J.

X Twitter@JoseGMejiaMBA

Imagen editorial del modelo genocida en la salud colombiana con hospital colapsado y escena de abandono médico

¿Dolor en el pecho? Prepárese para morir en el nuevo laberinto de la salud

Juan gana $4.500.000 al mes. De su salario, más de $600.000 se van cada mes al sistema de salud. Él no pide nada gratis: solo espera que, si un día le falla el corazón, lo atiendan bien y a tiempo.

Pero con el nuevo sistema que impone el Decreto 0858 de 2025, sin pasar por el Congreso, lo que le espera es un salto al vacío, con nuevas etapas, nuevas entidades y mucha incertidumbre propia del modelo genocida.

Veamos qué tendría que hacer si, mañana, siente un dolor en el pecho.

El modelo genocida y la caracterización territorial obligatoria

Paso 1: Caracterización y contacto territorial

En teoría, antes de enfermarse, Juan debió haber sido visitado por un Equipo Territorial de Salud, que lo caracterizó, midió su riesgo y lo clasificó como persona con factores de riesgo cardiovascular. Este equipo es conformado por un médico, un enfermero y un promotor de salud.

Problema: En la práctica, miles de municipios no han iniciado este proceso, y no hay personal suficiente para visitar a millones de colombianos. Si Juan no está caracterizado, queda fuera del modelo hasta nuevo aviso.

Centros de Atención Primaria: primera estación del modelo genocida

Paso 2: Centro de Atención Primaria en Salud (CAPS)

Si tiene suerte, Juan es atendido por su equipo territorial, que lo remite al CAPS. Allí debería haber un médico que lo estabilice, le ordene exámenes o lo canalice a la red especializada.

Problema: En la mayoría de regiones no existen CAPS con suficiente dotación, ni especialistas en turno, ni transporte adecuado. Además, el CAPS no tiene autonomía clínica ni recursos para resolver un caso complejo.

Ante la falta de médicos colombianos, el gobierno de Petro propuso importar médicos cubanos para sostener su modelo preventivo. La vicepresidenta Francia Márquez los calificó como “un ejemplo de medicina comunitaria para el mundo” y afirmó que “no tenemos que temer a su presencia”.

Pero la medida encubre una estrategia de penetración ideológica e inteligencia extranjera. En lugar de dignificar a los médicos y aumentar la cobertura educativa en áreas de la salud, se recurre a un contingente politizado, de muy baja reputación profesional y sin controles técnicos, transformando la salud en herramienta diplomática. El paciente paga, y el régimen gana.

Regionalización y remisiones: el laberinto del modelo genocida

Paso 3: Remisión a la Red Integrada de Servicios de Salud (RIITS)

Si el CAPS no lo puede tratar, se activa la RIITS. Es decir, lo envían a un hospital de segundo o tercer nivel, que puede estar a dos o tres horas de su casa, en otra ciudad o departamento.

Problema: La llamada “regionalización” suena bien, pero no está implementada. No hay claridad de a qué hospital lo deben remitir, ni cómo lo trasladan, ni quién responde si el paciente empeora en el camino.

Paso 4: Seguimiento por Gestora de Salud y Vida

Una vez Juan ingresa al sistema, su caso lo “sigue” una Gestora de Salud y Vida, que no es una EPS, pero tiene algunas funciones administrativas. No autoriza tratamientos ni gira dinero, pero debe coordinar su atención.

Problema: Muchas Gestoras no existen aún. Otras podrían ser EPS disfrazadas, pero sin función aseguradora. Lo que han hecho es marchitar lentamente las EPS, sin tener aún un reemplazo operativo real. Es burocracia sin dientes.

Análisis Y Opinión

Si el artículo El nuevo modelo genocida entrega la salud a los sepultureros. El shu shu shu asesino te resulta alarmante, es porque lo es. La comprensión profunda de este fenómeno requiere análisis serio, valiente y sin filtros.

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ADRES, pagos y fallas estructurales del modelo genocida

Fase 5: Pagos, ADRES y flujo económico

Quien gira el dinero directamente a clínicas, hospitales y profesionales es la ADRES. Juan no lo nota, pero si hay demoras en el giro o trámites cruzados, el hospital podría decirle que no tiene contrato, que no hay camas, que debe esperar.

Problema: El flujo de recursos está centralizado, pero el control es mínimo. No hay trazabilidad ciudadana. Además, se multiplican intermediarios (territorios, ADRES, CAPS, Gestoras, etc.), sin que nadie tenga responsabilidad clara.

Aspectos críticos del modelo

Desaparecen las EPS sin construir una estructura de reemplazo funcional. No se fortaleció la Superintendencia de Salud ni se crearon verdaderos mecanismos anticorrupción. No hay interoperabilidad tecnológica ni sistema nacional de historia clínica en línea.

La regionalización es una ilusión logística: no hay mapas, rutas, ni acuerdos firmes entre hospitales. La mayoría de actores nuevos (CAPS, Gestoras, ETS) no existen o no tienen capacidad resolutiva.

Regionalización: un laberinto sin salida

El modelo pretende organizar la atención en 13 regiones funcionales. Pero esto exige coordinación, transporte, redes clínicas interdepartamentales y tecnología de punta. Nada de eso está listo.

La salud no se regionaliza con PowerPoints ni con discursos, sino con inversión, infraestructura, médicos, ambulancias y conectividad. Hoy por hoy, es un laberinto donde el enfermo es el que paga las consecuencias.

Tecnología: salto al vacío digital

El sistema habla de seguimiento, alertas, interoperabilidad. Pero no hay plataforma nacional unificada, ni ciberseguridad, ni personal capacitado en la red pública. Los CAPS rurales ni siquiera tienen internet estable.

Es un castillo de humo. El paciente se pierde, el médico no accede a su historia, y el sistema colapsa bajo el peso del modelo genocida.

Protesta ciudadana con ataúd simbólico que dice “Magisterio, descanse en paz salud” en referencia al colapso del sistema de salud en Colombia

El FOMAG: laboratorio fallido del modelo Petro

El FOMAG es una especie de laboratorio previo del modelo estatista y sin aseguramiento que promueve el Decreto 0858. Pero más que una inspiración de éxito, debería ser una advertencia seria: si ese esquema no ha funcionado ni para un gremio organizado como el magisterio, menos lo hará para 50 millones de colombianos sin preparación, capacidad ni estructura territorial suficiente.

Petro, Carolina Corcho y Guillermo Alfonso Jaramillo son los responsables del colapso del sistema de salud: lo idearon, lo impusieron por decreto sin consensos y lo vienen ejecutando con improvisación, desabastecimiento y sectarismo.

¿Camino claro a delitos de lesa humanidad dentro de este modelo genocida?


José Guillermo Mejía J

© Todos los derechos reservados. El contenido de esta columna pertenece exclusivamente a su autor.


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