¡Impactante! Indignación selectiva: Gaza sí, Colombia no.

La indignación selectiva revela la incoherencia de llorar por Gaza mientras en Colombia se ignora la violencia contra niños.

Por: Orlando Ladeutt

X Twitter: @orlandoladeutt

Indignación selectiva: contraste entre Gaza y Colombia, niño en primer plano y protesta en el fondo, denuncia de la violencia infantil.

El mundo se indigna con las imágenes rotas de Gaza, se sacuden conciencias y se generan empatías ante la masacre de civiles, el despojo y la destrucción. No cabe duda de la urgencia ética y moral: el grito por la justicia es legítimo y necesario. Esta indignación selectiva nos interpela.

Pero surge una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que haya quienes se desgarran por lo que ocurre a miles de kilómetros y callan ante la tragedia de los niños colombianos, víctimas de violencia sexual, reclutamiento forzado y asesinatos en medio de nuestra guerra interna? La respuesta no es sencilla, pero la incoherencia es evidente.

Indignación selectiva y complicidad silenciosa

Protestar por la situación en Gaza, pero guardar silencio mientras en Colombia se perpetúan horrores tan reales y tan cercanos que exigen la misma indignación, la misma rabia, la misma movilización, no es prudencia: es complicidad silenciosa.

Colombia: la violencia infantil es estructural

En Colombia, la violencia contra los niños no es marginal, es estructural. En 2024 se verificaron 646 casos de violaciones graves a los derechos humanos de menores en el marco del conflicto armado; eso representa un incremento del 42 % respecto a 2023.

La Defensoría del Pueblo documentó 463 casos de reclutamiento forzado de menores en 2024 (279 varones y 184 mujeres) y, en apenas seis meses de 2025, ya se contaban 55 más. Y no hablamos de cifras lejanas: en 2024 también se documentó que los pueblos indígenas y afrocolombianos padecen de forma desproporcionada esta violencia; por ejemplo, la mayoría de los menores reclutados pertenecen a estas poblaciones donde el Estado brilla por su ausencia.

Ese mismo año, el ICBF reportó 18.420 casos de violencia sexual infantil solo en el primer semestre. Eso significa que, en promedio, cada 14 minutos un niño o una niña fue víctima de violencia sexual en Colombia. Son niños a los que se les roba la infancia para convertirlos en soldados, informantes, esclavos sexuales o “carne de cañón” de una guerra interminable.

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¿Por qué duele Gaza y se calla Colombia?

Indignación selectiva en los titulares: las imágenes de Gaza recorren el planeta, encienden titulares y hashtags. Aquí, en cambio, las noticias de niños violados o reclutados se relegan a una nota breve de un noticiero, a un número que se repite tanto que termina por normalizarse. Y sí, desafortunadamente hemos aprendido a convivir con estadísticas horribles como si fueran inevitables y, al final, terminan siendo “otro número más”. No duele igual cuando lo ves todos los días, quizá porque no queremos que duela.

Indignación selectiva: contraste entre Gaza y Colombia, niño en primer plano y protesta en el fondo, denuncia de la violencia infantil.

Gaza se ha convertido en un símbolo de lucha antiimperialista. Denunciar lo que pasa allí encaja en un marco político global que otorga aplauso, eco y legitimidad. Denunciar aquí significa señalar a guerrillas, narcos, paramilitares o incluso al propio Estado. Eso no da “likes”, y claro, no está de moda.

“¡Impactante! Indignación selectiva: Gaza sí, Colombia no”

Protestar por Gaza desde Bogotá o Nueva York es seguro. Protestar por el reclutamiento en el Cauca o por las violaciones en el Catatumbo implica incomodar a actores armados que sí pueden responder con amenazas o violencia, y esto implica además exigir al gobierno acciones concretas para contrarrestar a los violentos. Entonces es más fácil mostrar solidaridad con algo remoto, mediático, con fronteras lejanas y cinematográficas.

La indignación se reparte según lo rentable socialmente. Es más rentable llorar por lo que ocurre lejos que indignarse por lo propio. La solidaridad internacional se siente cómoda, genera likes, más cobertura y la posibilidad de alinearse con causas “nobles”; en cambio, la solidaridad local tiene poco glamour, pocos titulares, poco rédito político o mediático y exige compromiso real. Es más cómodo indignarse desde afuera que desde la esquina donde suceden los horrores propios.

Doble moral: derechos humanos aquí y allá

Y lo más grave: la doble moral. Se iza la bandera de los derechos humanos para causas lejanas, mientras se guardan banderas negras sobre la tragedia que carcome a nuestro propio territorio. Se exige justicia global mientras se convive con la impunidad local. Se llora por los niños palestinos y se ignora a los niños colombianos que son violados, asesinados o reclutados hoy y ahora, en nuestras montañas y selvas.

Coherencia: contra la indignación selectiva

No se trata de competir en el dolor. Cada víctima, aquí o allá, merece dignidad y memoria. Pero sí se trata de exigir coherencia: los derechos humanos no son selectivos. O se defienden siempre, o se convierten en un discurso vacío y en una simple pose ideológica.

Protestar por Gaza no está mal si a bien lo tienen. Exigir justicia internacional para víctimas lejanas es necesario. Pero si al mismo tiempo ignoras, minimizas o justificas el horror que se vive en Colombia contra los más vulnerables, eres parte del problema. Lo hipócrita es callar ante la violencia que consume nuestra infancia.

La coherencia ética y moral exige levantar la voz primero por quienes no pueden hacerlo a nuestro lado. Exige reconocer que cada niño reclutado es un país que se nos desangra, cada niña violada es una herida abierta en nuestra nación.

Si queremos ser un pueblo digno de exigir justicia global, debemos empezar por exigir justicia local. Porque de nada sirve rasgarse las vestiduras por Palestina si seguimos normalizando que, en Colombia, cada día se roban la inocencia de nuestros hijos.

La verdadera solidaridad se mide en la coherencia. Y en Colombia, la coherencia debe comenzar por ordenar la casa. Esta es la hora de romper la indignación selectiva y actuar.


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