
El avance de las estructuras criminales en Colombia: una amenaza creciente
Hoy abordamos un tema crítico para el futuro de Colombia: el preocupante avance de las estructuras criminales. Este fenómeno no es nuevo ni aislado, sino parte de un plan estratégico trazado hace años en las conferencias de las FARC, que sigue en marcha. Al mismo tiempo, el Estado parece estar debilitando sus propias capacidades para enfrentarlo.
El plan estratégico de las FARC
Para comprender la situación actual, es fundamental remontarse a lo definido en las conferencias de las FARC, donde se estableció cómo garantizar su influencia incluso después de una desmovilización parcial. Entre los puntos clave de su estrategia destacan:
- Desdoblar frentes (estructuras criminales) para fragmentarse y expandirse.
- Consolidar el control territorial en zonas estratégicas.
- Fortalecer la financiación a través del narcotráfico y la minería ilegal.
- Crear un ambiente de insurrección general para desgastar al Estado y, eventualmente, justificar una toma de poder.
Esto no era solo un discurso político, sino una estrategia de largo plazo que hoy sigue en ejecución.
¿Cómo se materializa este plan?
Actualmente, disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo están consolidando su control sobre corredores estratégicos. Según cifras recientes, las estructuras criminales ya suman más de 18.000 hombres, un incremento del 9% en el último año.
Las regiones más afectadas incluyen:
- Norte de Santander y Arauca: control de rutas hacia Venezuela utilizadas para el contrabando y el narcotráfico.
- Cauca y Nariño: dominio de corredores hacia el Pacífico, facilitando la conexión con mercados internacionales de drogas.
- Meta y Guaviare: consolidación de la producción de cocaína y expansión territorial.
- Estas zonas no han sido escogidas al azar. Todas poseen recursos naturales, rutas estratégicas y una limitada presencia estatal efectiva.
- El impacto en la seguridad y el control territorial
El problema va más allá del narcotráfico. En estas regiones, las estructuras criminales han establecido un dominio que incluye:
- Extorsión al sector productivo.
- Imposición de reglas a las comunidades.
- Sabotaje de proyectos estratégicos de desarrollo.
En la práctica, estos grupos están funcionando como un “Estado dentro del Estado”, ejerciendo control territorial, normativo y económico sin oposición efectiva.
El papel del Estado: debilitamiento o permisividad
Ante este escenario, surge una pregunta fundamental: ¿qué está haciendo el gobierno?
Lejos de fortalecer sus capacidades de respuesta, el Estado parece estar debilitándolas:
Restricción de la aviación militar, reduciendo su capacidad para operar en territorios de difícil acceso.
Relegación de la inteligencia militar, impidiendo la anticipación y neutralización de amenazas estratégicas.
Sin estas herramientas, la ventaja estratégica del Estado se diluye, facilitando el avance de los grupos ilegales y su consolidación territorial.
El factor insurreccional y el riesgo de desestabilización
Otro elemento clave en la estrategia de las FARC ha sido la creación de un ambiente de insurrección general, diseñado para explotar el descontento social y generar caos que justifique medidas autoritarias.
Cuando el debilitamiento de la Fuerza Pública coincide con el fortalecimiento de estos grupos, surge una inquietante hipótesis: ¿está el gobierno contribuyendo, intencionalmente o no, a este escenario?
Las consecuencias ya son evidentes:
- Comunidades sometidas a extorsión y desplazamiento.
- Sectores económicos paralizados por la inestabilidad.
- Proyectos estratégicos truncados, afectando el desarrollo del país.
Esto agrava la crisis de legitimidad del Estado y acelera la erosión del contrato social, en el que el Estado, al no garantizar seguridad, pierde su autoridad sobre la ciudadanía.
Conclusión: una amenaza a la estabilidad democrática
Las preguntas que deben formularse son directas:
- ¿Por qué el gobierno está debilitando sus propias capacidades estratégicas?
- ¿Qué interés puede haber en permitir que estas estructuras crezcan sin control?
Este no es solo un problema de seguridad. Es una amenaza directa a la estabilidad democrática y la soberanía de Colombia. Si no se actúa con firmeza y claridad, el futuro del país se verá gravemente comprometido.
Es momento de reflexionar y exigir acciones concretas.
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