Estocolmo zurdo: una crítica frontal al fanatismo político que celebra su propia ruina en Colombia.
Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo
Twitter: @AbgLoreLazaro_

Estocolmo zurdo: el culto al “cambio”
El espectáculo de la política criolla ha alcanzado un nivel de surrealismo que dejaría a Kafka pidiendo citas con un psiquiatra. Es fascinante observar cómo el “progresismo” local ha mutado en una religión laica donde el pensamiento crítico es pecado y la obediencia al líder la única vía de salvación: Estocolmo zurdo.
Estamos ante una horda de entusiastas que, mientras el país se desmorona entre reformas improvisadas y una ejecución presupuestal inexistente, prefieren ajustar la realidad a sus dogmas antes que aceptar que el “cambio” resultó ser un retroceso en cámara lenta.
Estocolmo zurdo y el sistema de salud en cuidados intensivos
El actual inquilino de la Casa de Nariño, el innombrable, ha perfeccionado el arte de gobernar mediante el trino y la alucinación colectiva. Sus huestes, esos mamertos de cafetín que confunden la justicia social con el resentimiento bien empaquetado, celebran cada zarpazo al sistema de salud como una victoria épica.
No ven que la salud en Colombia está en cuidados intensivos; se han dedicado a asfixiar las EPS, y mientras los pacientes ruegan por una cita, sus adoradores aplauden desde la comodidad de Twitter, convencidos de que morir en un sistema estatal es más digno que vivir en uno eficiente. Es la primera fase del síndrome: besar la mano que te quita la medicina, el retrato perfecto del Estocolmo zurdo.
Economía: gasolina, Icetex y la gimnasia mental
Pero el hambre de poder no se detiene en los hospitales. La economía es hoy un campo de batalla. El aumento sistemático de la gasolina ha disparado el costo de vida, pero el petrismo radical, en un despliegue de gimnasia mental asombrosa, asegura que pagar más por el combustible es un “acto de amor por el planeta”.
Lo mismo ocurre con el Icetex: prometieron condonaciones masivas y hoy la entidad agoniza, pero sus fieles culpan al “neoliberalismo” del pasado mientras el gobierno actual reparte billones en programas absurdos como “pagar por no matar”. En ese libreto, Estocolmo zurdo se vuelve excusa para todo.
Es demencial ver cómo el ciudadano de a pie justifica que sus impuestos financien a delincuentes, bajo la premisa de una paz que solo existe en los discursos oficiales.
Análisis Y Opinión
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Inseguridad, coca y “Paz Total”: el país que retrocede
La inseguridad es el paisaje cotidiano de una Colombia que retrocede décadas. Mientras las hectáreas de coca aumentan bajo la mirada complaciente de una “Paz Total” que solo fortalece al narco, los seguidores del gobierno lo llaman “soberanía”.

Ante el aumento del riesgo país y la inminente descertificación por parte de Estados Unidos, los adoradores zurdos se burlan, ignorando que el hambre no conoce de fronteras ideológicas.
El riesgo de que nos arrebaten los ahorros pensionales es real, pero el rehén ideológico celebra el zarpazo a su propio futuro, creyendo que el Estado —ese que no puede ni tapar un hueco en la calle— será un guardián honesto de su vejez: Estocolmo zurdo en estado puro.
Corrupción, heredero y la institucionalización del revanchismo
La corrupción, que antes motorizaba sus protestas, ahora es apenas un “detalle de procedimiento”. Se adjudican billones en contratos a dedo para aceitar la maquinaria del heredero, y sus defensores guardan un silencio sepulcral o culpan a la prensa.
El heredero, con esa parsimonia de quien se cree dueño de la moral pública, representa la profundización de este modelo de miseria. Si el innombrable es el caos creativo, el heredero es la institucionalización del revanchismo. En esa transición, Estocolmo zurdo deja de ser síntoma y pasa a ser programa.
Los petristas ya preparan los vítores para recibir a quien promete terminar la demolición, convencidos de que el colectivismo funcionará a pesar de que la historia les grite lo contrario.
Estocolmo zurdo: el rehén que entrega las llaves
Resulta enternecedor ver a profesionales educados defendiendo la toma de sus recursos. Es el síndrome de Estocolmo llevado a política de Estado: el rehén no solo quiere al captor, sino que le entrega las llaves de su casa.
La tragedia de este síndrome electoral radica en que el ocupante de la celda se niega a salir por miedo a descubrir que el paraíso prometido no es más que un desierto administrado por la ineptitud.
Sin embargo, todavía queda la fe de que Colombia reaccione y elija sabiamente; estamos en un punto de quiebre donde cualquier alternativa es mejor que aceptar la perpetuidad del innombrable o la llegada del heredero al trono de nuestra desgracia. Ojalá, cuando despierten del trance del Estocolmo zurdo, todavía quede algo de país por rescatar de entre las cenizas de su propia arrogancia.
Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo
Mg en Derechos Humanos y Derecho Internacional de los Conflictos Armados
Esp. En Procedimiento Penal Constitucional y Justicia Militar. © Todos los derechos reservados.
El contenido de esta columna pertenece exclusivamente a su autor.
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