Análisis De la hegemonía contraguerrilla a la desarticulación doctrinal del Ejército colombiano. El informe detalla cómo el cambio de prioridades, la judicialización y la pérdida de la cohesión debilitaron a la fuerza militar.
Por Daniel Ucros

De la Hegemonía Contraguerrilla
A finales de los noventa y principios de los 2000, el Ejército de Colombia alcanzó un nivel de efectividad sin precedentes en la guerra irregular. El Plan Colombia y la Política de Seguridad Democrática (2002–2010) le dieron músculo: asistencia tecnológica de Estados Unidos, inteligencia de señales y humana, pie de fuerza ampliado y entrenamiento contraguerrilla de élite.
“la Desarticulación Doctrinal del Ejército“
Operaciones como Jaque y Fénix (2008) demostraron una doctrina ofensiva sólida. En esos años, Colombia tenía quizá el ejército más experimentado del hemisferio en lucha irregular. Pero el clímax duró poco. Tras el pico de 2008–2010, mientras el Ejército acumulaba victorias, desde el gobierno y la comunidad internacional crecía otro relato: la negociación política como única salida estratégica. Con el cambio de administración en 2010, la prioridad dejó de ser derrotar a la insurgencia y pasó a preparar el terreno del diálogo.

La transición se hizo en silencio. Se pedía a las tropas mantener la ofensiva, mientras en secreto se negociaba. Al mismo tiempo, se judicializaban operaciones exitosas bajo la lógica del “body count” heredado de Vietnam. Lo que antes era victoria se convirtió en sospecha. Y muchos oficiales entendieron que su futuro no estaría en el campo de batalla, sino en pagar abogados. Esto es el inicio de la Desarticulación Doctrinal del Ejército.
Análisis Y Opinión
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El Problema Triple: Jurídico, Doctrinal y Político
- Criminalización jurídica: Altos mandos procesados enviaron el mensaje de que combatir podía costar carrera, patrimonio y libertad.
- Desvalorización simbólica: se eliminaron cantos, ritos y reconocimientos castrenses, tachándolos de “violentos” o “inadecuados”, mientras antiguos enemigos se presentaban como “firmantes de paz”.
- Cambio de misión: tras el Acuerdo de La Habana (2016), se impuso la idea de un “ejército de paz”, más orientado a misiones internacionales que a la guerra interna. La contraguerrilla y la inteligencia ofensiva quedaron relegadas.
“la Desarticulación Doctrinal del Ejército“
El paso de la ofensiva a la defensiva no fue producto de una derrota militar, sino de un repliegue doctrinal impuesto desde la política. La insurgencia, debilitada en lo militar, logró imponerse en el terreno estratégico y narrativo. El Ejército quedó paralizado: sin poder aplicar las fórmulas que lo habían llevado a la victoria, ni con una doctrina clara para el postconflicto. El enemigo que no venció en la selva lo enfrentó en los tribunales y en los salones diplomáticos. Esta es la esencia de la Desarticulación Doctrinal del Ejército.
La Moral de la Tropa y la Estrategia de la Insurgencia
Los cadetes y subtenientes formados entre 2010 y 2016 —hoy capitanes y mayores— crecieron en medio de esa transición. No conocieron la crudeza de la guerra de guerrillas, sino un Ejército en proceso de “transformación multimisión”, centrado en derechos humanos y misiones de paz. El núcleo doctrinal de combate irregular se diluyó. Las lecciones aprendidas con dolor en los noventa —planeamiento meticuloso, inteligencia dominante, maniobra frente a emboscadas— fueron sustituidas por un vacío. Los oficiales con experiencia fueron retirados o perseguidos. La moral de la tropa se vio afectada por la Desarticulación Doctrinal del Ejército.
La insurgencia comprendió algo esencial: no podía derrotar al Estado en combate, pero sí desgastarlo en lo jurídico, en lo narrativo y en lo internacional. Con apoyos externos, trasladó la lucha al terreno de la legitimidad. Esa fue su victoria: convertir la seguridad en tabú y vender la paz como único camino.
Mientras tanto, el Ejército perdió símbolos, cohesión y doctrina ofensiva. Pasó de ser la fuerza más efectiva de la región en guerra irregular a un garante pasivo de una paz que nunca consolidó la seguridad.
La Derrota en los Estrados, no en el Campo de Batalla
El Ejército de Colombia no perdió la guerra en el campo de batalla: la perdió en los tribunales, en la narrativa y en la política. Hoy queda una fuerza profesional y disciplinada, pero con un vacío doctrinal profundo. Y con la amarga sensación de que, aunque vencida en lo militar, la revolución ganó en lo político y en lo simbólico. El vacío doctrinal es la consecuencia de la Desarticulación Doctrinal del Ejército.

Nova et Vetera La guerrilla no venció al Ejército; fue la política la que lo obligó a rendirse sin disparar. Clausewitz tenía razón: la guerra es la política por otros medios, y en Colombia la política terminó por desarmar al vencedor. La Desarticulación Doctrinal del Ejército es un factor clave en la historia.
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