La derecha colombiana enfrenta su mayor crisis: el miedo a dejar de ser políticamente correcta.
Por: Orlando Ladeutt
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Una extraña parálisis se ha apoderado de importantes sectores de la derecha colombiana. Mientras calles y ciudades son testigos de la degradación sistemática de la protesta social, convertida con frecuencia en justificación del vandalismo y la confrontación violenta, donde se quema, se destruye y se aterroriza, muchos líderes y una parte significativa de la derecha colombiana parecen más preocupados por no transgredir los límites de lo “políticamente correcto”, por no sonar “demasiado duros” o por caer en “estigmatizaciones”, que por defender con claridad los principios de la libertad, el orden y la seguridad ciudadana.
El caso de Medellín: símbolo del miedo moral
Los hechos ocurridos recientemente en Medellín son un reflejo de esa distorsión moral. Andrés Felipe Rodríguez Puerta, más conocido como El Gury, actual concejal, cansado de ver cómo vándalos atacaban un McDonald’s repleto de niños que comían tranquilamente con sus padres, decidió salir con un bate en la mano a defender lo que el Estado, la Policía y la propia sociedad parecen haber dejado de proteger: el orden. Inmediatamente, los mismos sectores que guardan silencio ante la violencia de los encapuchados se rasgaron las vestiduras, acusando al concejal de “paramilitar”, “fascista” y “violento”. Pero ¿dónde estaban cuando los “manifestantes” rompían vitrinas, intimidaban personas y atacaban a la Fuerza Pública?

De la prudencia a la debilidad
La tradicional mesura del conservadurismo colombiano, antes virtud, se ha convertido en debilidad. Callar frente a la destrucción en nombre del “diálogo” no es prudencia, es abdicación. Condenar el vandalismo y confrontar a los violentos no es estar contra la protesta; defender el orden no es ser antidemocrático; y diferenciar entre manifestantes pacíficos y delincuentes no es estigmatizar. Esa es la tragedia de la derecha colombiana: la obsesión con ser “políticamente correctos”.
“La Tragedia de la Derecha Colombiana: la obsesión con ser Políticamente Correctos”
El chantaje del lenguaje
Mientras la izquierda se permite todo —mentir, justificar la violencia, manipular el discurso de los derechos humanos— la derecha colombiana teme tomar acción y levantar la voz, no sea que la llamen “autoritaria” o “reaccionaria”. Así, poco a poco, ha cedido el terreno del sentido común. La derecha que teme más a las etiquetas de sus adversarios que a la destrucción del país es una derecha condenada a la irrelevancia.
Análisis Y Opinión
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El poder de las palabras: vandalismo o protesta
Se ha permitido y prácticamente aceptado un relato autoindulgente, promovido por sectores ideológicos de izquierda, con el que pretenden dictar los términos del debate público. Ya no se puede nombrar al vándalo como lo que es: un delincuente. Tampoco se puede señalar que detrás de muchas de estas acciones no hay solo “indignación legítima”, sino una estrategia de desestabilización orquestada por grupos con intereses políticos claros, muchos de ellos abiertamente confrontativos con la democracia liberal.

Hemos aceptado un lenguaje que nos desarma. Ya no podemos decir “vandalismo” sin que alguien nos recuerde que debemos hablar de “expresiones de malestar social”. No podemos condenar actos criminales durante protestas sin que nos acusen de “deslegitimar la protesta legítima”, llegando al absurdo de creer que respetar la ley es una postura ideológica. Defender el orden, exigir autoridad, condenar el vandalismo y sus delitos conexos parecen, para muchos, gestos “fascistas”, de “ultraderecha” o, peor aún, de “paramilitarismo”, cuando en realidad deberían ser simples actos de ciudadanía.
“La Tragedia de la Derecha Colombiana: la obsesión con ser Políticamente Correctos”
La recuperación del sentido común
La derecha colombiana necesita recuperar la convicción de que algunas cosas no son negociables: la libertad, la seguridad, la propiedad privada, el orden público, el respeto a las instituciones y a la ley. Podemos y debemos ser civilizados, pero nunca temerosos. Podemos y debemos dialogar, pero nunca a costa de la verdad.
Una batalla cultural que exige coraje a la Derecha Colombiana
La batalla cultural no se gana con eufemismos. Se gana con ideas claras, valor cívico y, sobre todo, con la voluntad de tomar acción y enfrentar a los violentos llamando a las cosas por su nombre, aunque eso implique salirse del guion de lo “políticamente correcto”. Si la derecha colombiana no lo entiende así y sigue cediendo a ese chantaje, estará condenada a la irrelevancia, y Colombia, a un futuro incierto.
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