El Decreto de la Impotencia revela un gobierno quebrado que usa la emergencia para subir impuestos y evadir al Congreso.
Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo
Twitter: @AbgLoreLazaro_

Prepárense, colombianos: el “cambio” resultó ser un cambio de manos… de su dinero a la caja menor de un gobierno que no sabe sumar, pero sí sabe gastar. Con el Decreto 1390, pasamos de la democracia al “atraco administrativo” bajo la excusa de una emergencia que solo existe en la ineptitud oficial.
¿Qué dice el decreto de la impotencia “para dummies”? (Traducción del lenguaje oficial al real)
El decreto de la impotencia es una confesión de veinte páginas donde el Gobierno admite que está quebrado. Dice que, como el Congreso (en un arranque de sensatez) no les aprobó una reforma tributaria de 12 billones para 2025 y otra de 16,3 billones para 2026, ahora ellos se declaran en “emergencia” para saltarse las leyes y cobrar los impuestos que les dé la gana.
Es el equivalente a que usted se gaste el sueldo en fiestas, le pida un préstamo al banco, el banco se lo niegue por mala paga, y usted entonces decida que su “emergencia” le da derecho a entrar a la casa del vecino y quitarle los ahorros para seguir de rumba.
Los impuestos que vienen: la mordida al ciudadano
Aunque el decreto de la impotencia es vago (para no asustar de golpe), la letra menuda abre la puerta para que el presidente dicte decretos legislativos que:
Primero. Creen nuevos impuestos. Se habla de un “Impuesto a la Solidaridad” (que no es otra cosa que quitarle plata a los que producen).
Segundo. Modifiquen los existentes; pueden subir el IVA a ciertos productos o aumentar el 4×1.000 “transitoriamente”.
Tercero. Afecten el patrimonio. Apenas para esos docentes de izquierda que viven con los lujos que les da el capitalismo. Quieren ir tras los ahorros de toda la vida de la clase media bajo el pretexto de que “los más ricos deben pagar”, pero ya sabemos que en Colombia “rico” es cualquiera que tenga una bicicleta y un contrato de trabajo.
Las mentiras del decreto de la impotencia: el “Pinocho” fiscal
El Gobierno justifica este zarpazo con argumentos que son, sencillamente, falsos:
Mentira 1: “Es un hecho imprevisto”. ¡Falso! Que el Congreso no apruebe una ley es parte del juego democrático. Si no hay plata, la solución legal es recortar el gasto, no inventarse una emergencia.
Mentira 2: “Es por culpa de los gringos”. Dicen que las “cláusulas restrictivas” de EE. UU. por medidas unilaterales los tienen ahogados. La verdad es que si los mercados no nos prestan es porque este gobierno genera desconfianza y huele a riesgo país.
Mentira 3: “No hay otra opción”. Dicen que no pueden endeudarse más, pero mientras tanto nos enteramos de que vendieron TES por 23 billones de pesos. Es decir, ¡plata sí ha entrado! Pero se la están comiendo en burocracia y no en lo que importa.
Análisis Y Opinión
Si el artículo de “El Decreto de la Impotencia: Cómo gobernar por decreto cuando se te acaba la plata (y la vergüenza)” te resulta alarmante, es porque lo es. La comprensión profunda de este fenómeno requiere análisis serio, valiente y sin filtros.
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¿En qué se van a gastar la plata en la “vida real”?
Olvídese de las escuelas y los hospitales de primer nivel. El decreto de la impotencia delata las verdaderas prioridades:
Pagar deudas de mala gestión: 5,1 billones para pagar subsidios eléctricos que no pagaron a tiempo. Es decir, tapar el hueco de su propia morosidad.
Burocracia de defensa: 2,7 billones para drones. En un país que el mismo gobierno entregó a la delincuencia y por eso están tan armados con tanta tecnología. El narcotráfico es el mejor negocio; pregúntenle a los ricos del narcogobierno venezolano. Ahora el gobierno prioriza “juguetes” para una guerra que dicen querer acabar, pero no hacen nada al respecto. Si me preguntan, dudo mucho que esa plata vaya para eso.
Mantener la “mermelada”: El decreto de la impotencia confiesa que el 93 % del presupuesto es inflexible. Eso significa que no van a despedir a un solo viceministro inútil ni van a recortar viáticos. La plata de sus nuevos impuestos es para que la maquinaria estatal siga aceitada mientras usted aprieta el cinturón; siendo sinceros, para comprar votos y elecciones.
La trampa de los 23 billones en TES y el rol de la oposición
Es aquí donde el cinismo alcanza niveles estratosféricos. El decreto de la impotencia llora por “restricciones de caja” y “agotamiento de fuentes de financiamiento”. Sin embargo, el mercado financiero sabe que el Gobierno ha logrado colocar 23 billones en TES (Títulos de Tesorería).

¿Cómo puede un gobierno decir que está en emergencia por falta de dinero mientras sale al mercado a captar 23 billones? La respuesta es sencilla: gastan más de lo que recaudan y más rápido de lo que pueden pedir prestado. Es un barril sin fondo.
¿Qué puede hacer la oposición? (Si de verdad quieren ser oposición). La oposición no puede ser cómplice por omisión. Su hoja de ruta debe ser letal.
Primero, denuncia por prevaricato. Firmar un decreto de emergencia sin que existan hechos sobrevinientes es un delito. Los ministros deben responder ante la justicia por intentar burlar la Constitución.
Después, moción de censura en bloque. No solo al de Hacienda, sino a todos los que justifican esta “emergencia” para comprar drones o pagar deudas viejas.
Y por último, movilización civil. Explicarle al país que cada peso que el Gobierno recaude por esta vía es un peso menos para la inversión privada, el empleo y para comprar elecciones. Yo no confiaría tanto en esta; confío más en la Corte, que aunque no es la ideal, debe ceñirse a una ley que es clara.
Conclusión. El Decreto de la impotencia 1390 es el acta de defunción de la disciplina fiscal en Colombia. Es el grito de auxilio de un gobierno quebrado, no por la economía mundial, sino por su propio desgobierno, su corrupción y su adicción al gasto ajeno. Si permitimos que esto pase, el próximo decreto de emergencia será para decidir qué puede comer usted en su cena, porque para ese entonces la plata ya se la habrán gastado toda en drones y asesores.
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